La lluvia del norte de Londres se sintió más fría de lo habitual el sábado, arrastrando la poca esperanza que le quedaba al Tottenham bajo la dirección de Igor Tudor. Una capitulación en casa por 3-0 ante el Nottingham Forest, un equipo que lucha con la misma intensidad por evitar el descenso, no fue solo una derrota; fue una rendición. El Tottenham Hotspur Stadium, normalmente un hervidero de expectativas, se sintió como una morgue en el minuto 70 cuando Anthony Elanga del Forest se coló para el tercer gol, prácticamente sin oposición. Esto no fue un tropiezo; fue una crisis en toda regla, evidente para cualquiera que tuviera ojos para ver.
Forest, seamos honestos, no son campeones del mundo. Llegaron a este partido habiendo ganado solo dos de sus últimos diez partidos fuera de casa, anotando la mísera cifra de ocho goles en ese lapso. Pero parecían el Barcelona en su mejor momento contra un equipo de los Spurs que carecía de cualquier atisbo de estructura o lucha. Danilo abrió el marcador en el minuto 27, un simple remate a puerta vacía después de que Brennan Johnson, de todas las personas, abriera la defensa del Tottenham. Luego, Chris Wood, que no es precisamente conocido por su puntería clínica, dobló la ventaja cinco minutos después del descanso con un cabezazo que dejó a Guglielmo Vicario inmóvil. Wood ahora tiene cuatro goles en sus últimas seis apariciones, una estadística que dice más sobre la defensa de los Spurs que sobre su repentina destreza.
Aquí está la cuestión: el sistema de Tudor, o la falta de él, ha sido desmantelado durante semanas. El Tottenham ha encajado ahora nueve goles en sus últimos tres partidos de liga, incluyendo la anterior goleada por 4-2 ante el Chelsea. ¿Recuerdan el optimismo de principios de temporada? Esa victoria por 2-0 sobre el Manchester United en agosto parece hace una eternidad. Han pasado de parecer contendientes europeos a genuinos candidatos al descenso, situándose a solo tres puntos del Luton Town en el puesto 18. Eso no es solo preocupante; es una catástrofe absoluta para un club con los recursos y las aspiraciones de los Spurs.
**Sin identidad, sin lucha: el problema de Tudor**
Hablando en serio: las tácticas de Tudor son desconcertantes. Llegó con una reputación de fútbol agresivo y ofensivo, pero lo que estamos viendo es todo lo contrario. El mediocampo, supuestamente la sala de máquinas, es constantemente superado. Yves Bissouma y Pape Sarr parecían completamente perdidos contra la robusta pareja de Danilo y Ryan Yates del Forest. Los Spurs lograron solo dos tiros a puerta en toda la primera mitad, y uno de ellos fue un esfuerzo especulativo de larga distancia de Pedro Porro que se fue desviado. Esto no se trata solo de errores individuales; es un fracaso sistémico para crear oportunidades y proteger a la defensa.
¿Y los jugadores? Parecen derrotados. Son Heung-min, normalmente la chispa del equipo, estuvo en gran parte invisible, logrando solo 34 toques antes de ser sustituido en el minuto 78. Richarlison, que marcó en el partido anterior contra el West Ham, parecía frustrado y aislado en la delantera. No hay un líder en el campo, nadie que tome las riendas del partido cuando las cosas van mal. Esa derrota por 3-0 frente a sus aficionados, contra un rival directo por el descenso, debería ser el último clavo en el ataúd de Tudor. Cualquier cosa que no sea una acción inmediata de la directiva sería un incumplimiento del deber.
Lo diré: el Tottenham descenderá si Igor Tudor sigue al mando para Navidad.